top of page

Alfonsina, la voz que se despide en mí

  • Foto del escritor: Alfonso De La Cruz Martinez
    Alfonso De La Cruz Martinez
  • 4 oct 2025
  • 2 min de lectura

Hay poetas que no mueren, que deciden, más bien, diluirse en el mar de sus palabras. Alfonsina Storni es una de ellas. Su último poema, “Voy a dormir”, publicado en octubre de 1938, no fue solo un adiós al mundo, sino una afirmación última de su libertad: la de decidir cuándo y cómo apagar la lámpara de la conciencia. Es un texto donde la ternura se mezcla con la resignación, donde la muerte se humaniza, se vuelve madre, y el descanso se pronuncia como un derecho después de tanto dolor. “Déjame sola: oyes romper los brotes… te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases”, escribió con la serenidad de quien se reconoce vencida, pero no derrotada.


Cada vez que leo ese poema, siento que Alfonsina no se despide de la vida, sino de la herida. En su verso final, “voy a dormir, nodriza mía, acuéstame”, no hay desesperación, sino una calma que solo se alcanza cuando se ha tocado el fondo del cansancio humano. La poeta argentina no huye: se entrega. Es un acto de reconciliación consigo misma, con su cuerpo enfermo, con un mundo que fue hostil a su sensibilidad y a su independencia. Y en esa entrega, encuentro algo de mí: la fatiga que a veces nos habita, el deseo de callar el ruido, de cerrar los ojos y confiar en que el descanso sea también una forma de justicia.


Me identifico con Alfonsina porque su despedida no es solo una muerte, es una metamorfosis. La entiendo cuando pide que la acunen las manos de la naturaleza, porque también he sentido la necesidad de soltar, de dejar que la vida siga su curso sin que yo tenga que sostenerlo todo. En su poema, ella no teme al silencio: lo nombra, lo convoca, lo convierte en madre. Esa valentía, la de transformar la derrota en belleza, es, quizá, el gesto más luminoso que puede tener un ser humano.


Leer a Alfonsina es mirarse en un espejo donde el dolor no se esconde, pero se vuelve canto. Su voz aún resuena como una ola que no cesa de recordarnos que la fragilidad también puede ser una forma de fuerza. Y en cada verso suyo, yo también descanso un poco: me recuesto en la palabra, cierro los ojos, y escucho ese mar donde ella, y tantas como ella, aprendieron, al fin, a dormir.

 
 
 

Comentarios


©2020 por Alfonso De La Cruz Martínez. Creada con Wix.com

bottom of page