Sigan creyendo…
- Alfonso De La Cruz Martinez

- 28 dic 2025
- 1 min de lectura
La democracia no se erosiona de un día para otro. Se desgasta lentamente, casi en silencio, cuando convertimos el gobierno en un experimento y las instituciones en un campo de aprendizaje para quienes nunca han administrado nada. Ni una tienda de barrio. Ni una nómina. Ni una crisis.
Administrar no es opinar. Gobernar no es improvisar. Y hacer control político no equivale a saber tomar decisiones ejecutivas en contextos complejos. Sin embargo, hemos normalizado que personas sin experiencia administrativa lleguen a dirigir entidades públicas, a manejar presupuestos millonarios y a tomar decisiones que afectan la vida de millones.
El problema no es la procedencia sector público o privado, el problema es la inexperiencia. El Estado no es una empresa que se pueda “ensayar”, ni un escenario para aprender sobre la marcha. Menos aún en un país como Colombia, atravesado por crisis fiscales, sociales, de seguridad y de confianza institucional. Aquí, cada error cuesta caro. Y lo paga la gente.
Cuando quienes legislan o controlan nunca han gestionado, el discurso se vuelve consigna. Se exige sin entender los límites. Se promete sin conocer los costos. Se fiscaliza sin comprender los procesos. El resultado es un Estado paralizado, instituciones debilitadas y una ciudadanía cada vez más desconfiada.
La democracia no se defiende solo con votos, se sostiene con competencia. Elegir bien no es elegir al que grita más duro ni al que tiene mejor relato, sino al que sabe hacer. Porque gobernar es, ante todo, administrar lo común con responsabilidad. Y eso no se improvisa.




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